Simplemente, porque conocer algunas técnicas de investigación, sumadas a determinados conocimientos teóricos, no lo hacen a uno sabio o inteligente. Han sido individuos visionarios, quienes inquietos por la marcha de un fenómeno, se han abocado a la búsqueda de su sentido profundo, hasta encontrar algunas respuestas sobre el particular. Y no necesariamente todos ellos han recibido el diploma o laurel consagratorio de manos de una institución académica (un caso espectacular, en el ámbito de las ciencias fácticas, es el de Enrico Fermi, que recibió el grado de Doctor, con su tesis con la cual postulaba recién el programa). Lo que se está haciendo aquí y ahora, en educación, por contraste, es como poner la carreta delante de los bueyes. Vale decir, cual rampante caballero del Medioevo, primero me armo hasta los dientes, sin saber para qué, incluso gastando hasta el último dinar, y solo cuando me encuentro recién en el campo marcial, resuelvo cuál es el enemigo a quien debo aporrear. Y eso explica por qué hay tanto graduado de hace algunos años, cuyo diploma solo aparece al momento de acceder a las asignaciones, pero que no se traduce en aportes importantes a su tarea. Además hay que señalar que el conocimiento que no se practica, desaparece, amén que lo adquirido, en los tiempos que corren, pierde actualidad rápidamente.
Estos investigadores actuales son felices cuando, en el curso de su formación, realizan un estudio acerca de una menudencia, que a la postre no incide en nada en la marcha del trabajo educativo. La acumulación de datos, no significa necesariamente que se sabe, que se domina una materia. Es simplemente eso, acopio de información.
Más valdría estudiar profundamente los resultados de investigaciones ya hechas por estudiosos profesionales, dedicados las 24 horas del día a ello, que realizar pequeñas, minuciosas e inútiles constataciones. Esas mismas que seguramente no se harán jamás cuando el graduado asuma funciones laborales, orientadas a ganarse el pan. Los investigadores a este nivel desbordan felicidad cuando logran constatar hipótesis que el sentido común ya ha resuelto en la práctica, pero que por “extrañas” razones no se han implementado.
Recuerdo en cierta ocasión, cuando proponíamos como tema de la tesis del postgrado, el clima de aprendizaje en la sala de clases en un colegio local, nuestra guía del taller se escandalizó, para luego afirmar campante que tal indagación realizada en cierta ocasión, había demandado ¡cuatro años de trabajo!, entre levantamiento de muestra, análisis y procesamiento de datos y las correspondientes inferencias y extrapolaciones. Y todo para, ¡oh, felicidad!, quedar con una puñado de afirmaciones imprecisas y una larga lista de interrogantes. Pensemos que la suerte de un estudiante secundario se resuelve justamente en ese lapso. Y la educación necesita respuestas ahora ya.
El sistema educacional se ha llenado de “expertos” y estudios encargados que han influido prácticamente en nada en la calidad del servicio educativo. En muchos casos, ha sido para cumplir con determinadas exigencias legales (como el caso de las ATE, Asistencia Técnica Educativa, consagrada por la Ley SEP) o bien propiciar una imagen de calidad que no necesariamente se refleja en la práctica. El Ministerio, de acuerdo a la información aparecida en los medios, se encontró con investigaciones solicitadas, cuyos resultados no se encuentran en parte alguna o en determinados casos se hallan replicados.
Ahora bien, los programas de magíster, por lo general, intentan constreñir en menos de dos años un bagaje de conocimientos y habilidades intelectuales e investigativas imposibles de asimilar para un profesional que ha pasado su vida en la más pedestre y esencial actividad de hacer clases. No sé por qué nos recuerda al famoso plan de regularización de título de los años 80. En tanto, parece ser que el interés primordial de estos candidatos consiste en agenciarse un post grado para poder acceder a puestos y jerarquías desde la cual evitar enfrentarse al fenómeno y la problemática real de la educación. Otro aspecto bastante interesante del problema, es tropezarse a menudo con profesionales ajenos al ámbito educativo, que han resuelto, por circunstancias de su vida laboral, adquirir un grado académico y han conseguido, amigos y familiares mediante, cargo en unidades, las que, en definitiva, logran sostenerse merced al trabajo docente del personal que lidia día a día en el frente de batalla. Los aludidos han sido capaces de realizar el acto inaudito de llegar al piso superior, saltando directamente al último peldaño.
Mientras tanto, en la sala de clases se suceden, sin solución de continuidad, las monótonas sesiones que eternizan el expediente de nuestra educación, a saber, el trasvasije de contenidos, valga a quien le valga, pero que en ningún caso se transforma en adquisición de habilidades y aptitudes. Con suerte, se traduce, en los mejores establecimientos, en una habilidad para contestar instrumentos de medición estándar (algunas universidades piensan que la PSU, no es tan buen indicador como lo sería el rendimiento en la educación media, dicho sea de paso).
Lo que se necesita, en la realidad nuestra de cada día, es sumar personal inteligente, preparado y asertivo a nivel de la sala de clases y que le guste su profesión, que aporte entusiasmo, entrega y creatividad para asumir cotidianamente la compleja tarea pedagógica. ¿Quién lo hará?
JOGQ
Página de opinión personal sobre cualquier tema, especialmente de educación. Se aceptan comentarios y críticas.
domingo, 4 de julio de 2010
martes, 29 de junio de 2010
La palabra que vale
Con la irrupción masiva de los teléfonos celulares, también se ha masificado el abuso indiscriminado de lo que debió haber sido en la historia del hombre el medio para alcanzar la verdad y una comunicación verdadera y efectiva. Nos referimos obviamente al lenguaje, herramienta maravillosa, al cual históricamente se le ha asignado orígenes divinos y que en cada momento deja perplejos a los estudiosos por sus inmensurables e intrincadas posibilidades e influencias dentro de la vida humana.
La maravilla del lenguaje queda demostrada en el hecho cotidiano de la adquisición de estas potencialidades por parte del niño a temprana edad (alrededor del año y medio ya es capaz de elaborar textos de mediana complejidad), considerando la inextricable red de conexiones que implica este fenómeno. Además de ser capaz de aprender la lengua materna, el infante en ese período está en condiciones de asimilar otras lenguas si se encuentra inserto en un medio apropiado. Tales portentos son imposibles en etapas posteriores del desarrollo humano, de no mediar considerables esfuerzos y acciones de aprendizaje. Con razón María Montessori insistía en propiciar el máximo de experiencias estimulantes en las etapas primarias de la educación de los niños, cuando, según su pensamiento e investigaciones, las capacidades humanas se encuentran en su mejor disposición.
Pero precisamente por su extraordinaria naturaleza, el lenguaje ha sido objeto de las más burdas manipulaciones con el afán de influir y conducir a la población y formar determinada opinión pública, de acuerdo a los intereses de los grupos de poder imperantes. Lo que alguna vez fue definido por la filosofía como el instrumento más eficaz para construir nociones cada vez más cercanas a la ansiada verdad, finalmente ha sido reducido como el instrumento ideal para tergiversar la realidad, creando percepciones que responden más bien a la utilidad inmediata de un gran mercado de ideologías y bienes de consumo.
El lenguaje es la potencialidad que nos distingue de las demás criaturas, puesto que hasta ahora, la especie humana ha sido la única capaz en demostrar la capacidad de representarse y comunicar realidades que no tiene delante de los ojos, es decir, que existen solo virtualmente en el momento que las imagina o expresa. No deja de ser risible también que precisamente ese poder es lo que nos posibilita distorsionar, engañar y mentir. En nuestra vida social, además, nunca como ahora la tecnología nos ha prestado más ayuda para practicar la simulación y la alienación. El celular nos permite decir “Voy saliendo”, cuando ni siquiera nos hemos despegado de la cama; o bien “Voy llegando”, cuando recién vamos saliendo. Estos ejemplos que parecen inocentes, adquieren ribetes preocupantes cuando la actitud que subyace en esas acciones, se convierte en la impronta que mueve el quehacer en la vida política y social. Es decir, el hablar por hablar, sin la intención que ese mensaje tenga asidero en la intención o móvil del emisor o un correlato con la realidad objetiva. Aunque lo antes dicho es solo aparente, porque detrás de esa supuesta indiferencia, sí existe una intencionalidad desplazada del contexto comunicativo, la cual es satisfacer los propósitos inmediatos de los intereses personales, evitando el compromiso con el otro o salvaguardando la parcela que nos ha sido asignada o en la que nos han puesto como custodios.
Por eso es moneda de cambio común y corriente, para que no nos importunen, utilizar expresiones como: “En eso quedamos” o “Yo te llamo”, sabiendo tanto quien las emite como el que las recibe, que el nexo establecido, si es que existió, dejará de existir en cuanto se establezca la distancia física.
Internet, por su parte, es un mundo ideal para la venta de imágenes falsas.
Las propuestas educativas, era que no, relativas al lenguaje, no se escapan de estas tendencias. En general, en los subsectores (asignaturas) relativas al tema, la enseñanza tiende a la instrumentalización del mismo, entendiéndolo como un conjunto de habilidades orientadas a la disposición de un discurso apropiado para alcanzar los propósitos del emisor (individual o institucional), independientemente de lo que signifiquen dichos objetivos. De este modo, partiendo de exhaustivos estudios sustentados por la psicología, la biología y la sociología, se determina cómo el lenguaje crea realidades virtuales, partiendo de necesidades, temores, deseos y todo ese material, se utiliza para postular teorías, tanto desde la producción de mensajes como de la recepción y percepción de los mismos, las que luego son aplicadas a la acción de los medios de comunicación masiva y a la elaboración de sofisticados códigos verbales y no verbales, que son utilizadas por políticos, publicistas, lideres de opinión, jerarcas religiosos y demás entes cuyo negocio consiste en intervenir en las conciencias y conductas de la gente.
En síntesis, la imprecisión, la ambigüedad, el fragmentarismo se impone en nuestro lenguaje diario y sobre todo este último en los medios de comunicación, donde no es el ojo y el juicio del destinatario los que interpretan la información, pues esta ya viene reconstruida por el canal (sea radio, tv o prensa) y el ángulo y perspectiva de visión ya viene determinado..
¿Y a quién favorece todo esto? Lo más fácil es responder que satisface a los intereses de determinadas castas privilegiadas. Y eso, desde una mirada cortoplacista, es cierto. Pero un punto de vista que trascienda la coyuntura, nos señala que cuando una cultura se basa en la alienación y en la alteración de sus juicios, finalmente sucumbe. Y así lo demuestran poderosos imperios que fundamentaron su existencia en un discurso que finalmente no resistió el embate de la realidad y se desmoronaron estrepitosamente.
Si somos escrupulosos, tenemos que reconocer que como nación en 200 años hemos realizado numerosos experimentos sociales y políticos sin arribar a nada definitivo.
En el momento actual, sentimos más que nunca que nos encontramos en una posición de expectativa, una situación en la cual es posible diseñar un proyecto sólido y con futuro. Ojo: está muy bien que nos creamos ese planteamiento, pero no abusemos de nuestro optimismo y nos entreguemos a una bacanal de eslóganes y frases huecas destinadas más a efectismos que a efectos reales. Debemos retornar a aquellos tiempos en que la palabra valía más que el oro como garantía. Recordemos que una de las causas de la actual crisis mundial, en la cual Europa lleva la peor parte, fue la crisis de confianza, donde los compromisos adquiridos y refrendados por estrictos instrumentos financieros, no fueron cumplidos, porque nunca existió la intención de hacerlo.
Las leyes escritas son letra muerta cuando no existe la disposición apropiada para cumplirlas, más aún, sirven para esconder irregularidades disfrazadas de legítimas. “El sueño se hace a mano y sin permiso, arando el porvenir con viejos bueyes”.
Ser solidario, especialmente en los duros tiempos que nos toca vivir como país ante el embate de la naturaleza, significa, entre otras cosas, no comerciar influencias a costa del dolor o la necesidad ajena. La autoridad con la mayor eficiencia posible, sin duda, de sus aparatos administrativos, acercará los recursos urgentes a los necesitados, sin embargo, es contraproducente, por ejemplo, que el concejal fulano, el representante zutano, se adjudique dicha acción. Uno termina preguntándose por qué es necesaria tanta influencia para acceder a los mínimos necesarios para paliar una apremiante necesidad.
La palabra, reveladora de misterios y constructora de mundos posibles, también suele convertirse en delatora de nuestra naturaleza y de nuestra verdadera condición humana. Ella será quien se pronuncie acerca de nosotros. JOGQ
La maravilla del lenguaje queda demostrada en el hecho cotidiano de la adquisición de estas potencialidades por parte del niño a temprana edad (alrededor del año y medio ya es capaz de elaborar textos de mediana complejidad), considerando la inextricable red de conexiones que implica este fenómeno. Además de ser capaz de aprender la lengua materna, el infante en ese período está en condiciones de asimilar otras lenguas si se encuentra inserto en un medio apropiado. Tales portentos son imposibles en etapas posteriores del desarrollo humano, de no mediar considerables esfuerzos y acciones de aprendizaje. Con razón María Montessori insistía en propiciar el máximo de experiencias estimulantes en las etapas primarias de la educación de los niños, cuando, según su pensamiento e investigaciones, las capacidades humanas se encuentran en su mejor disposición.
Pero precisamente por su extraordinaria naturaleza, el lenguaje ha sido objeto de las más burdas manipulaciones con el afán de influir y conducir a la población y formar determinada opinión pública, de acuerdo a los intereses de los grupos de poder imperantes. Lo que alguna vez fue definido por la filosofía como el instrumento más eficaz para construir nociones cada vez más cercanas a la ansiada verdad, finalmente ha sido reducido como el instrumento ideal para tergiversar la realidad, creando percepciones que responden más bien a la utilidad inmediata de un gran mercado de ideologías y bienes de consumo.
El lenguaje es la potencialidad que nos distingue de las demás criaturas, puesto que hasta ahora, la especie humana ha sido la única capaz en demostrar la capacidad de representarse y comunicar realidades que no tiene delante de los ojos, es decir, que existen solo virtualmente en el momento que las imagina o expresa. No deja de ser risible también que precisamente ese poder es lo que nos posibilita distorsionar, engañar y mentir. En nuestra vida social, además, nunca como ahora la tecnología nos ha prestado más ayuda para practicar la simulación y la alienación. El celular nos permite decir “Voy saliendo”, cuando ni siquiera nos hemos despegado de la cama; o bien “Voy llegando”, cuando recién vamos saliendo. Estos ejemplos que parecen inocentes, adquieren ribetes preocupantes cuando la actitud que subyace en esas acciones, se convierte en la impronta que mueve el quehacer en la vida política y social. Es decir, el hablar por hablar, sin la intención que ese mensaje tenga asidero en la intención o móvil del emisor o un correlato con la realidad objetiva. Aunque lo antes dicho es solo aparente, porque detrás de esa supuesta indiferencia, sí existe una intencionalidad desplazada del contexto comunicativo, la cual es satisfacer los propósitos inmediatos de los intereses personales, evitando el compromiso con el otro o salvaguardando la parcela que nos ha sido asignada o en la que nos han puesto como custodios.
Por eso es moneda de cambio común y corriente, para que no nos importunen, utilizar expresiones como: “En eso quedamos” o “Yo te llamo”, sabiendo tanto quien las emite como el que las recibe, que el nexo establecido, si es que existió, dejará de existir en cuanto se establezca la distancia física.
Internet, por su parte, es un mundo ideal para la venta de imágenes falsas.
Las propuestas educativas, era que no, relativas al lenguaje, no se escapan de estas tendencias. En general, en los subsectores (asignaturas) relativas al tema, la enseñanza tiende a la instrumentalización del mismo, entendiéndolo como un conjunto de habilidades orientadas a la disposición de un discurso apropiado para alcanzar los propósitos del emisor (individual o institucional), independientemente de lo que signifiquen dichos objetivos. De este modo, partiendo de exhaustivos estudios sustentados por la psicología, la biología y la sociología, se determina cómo el lenguaje crea realidades virtuales, partiendo de necesidades, temores, deseos y todo ese material, se utiliza para postular teorías, tanto desde la producción de mensajes como de la recepción y percepción de los mismos, las que luego son aplicadas a la acción de los medios de comunicación masiva y a la elaboración de sofisticados códigos verbales y no verbales, que son utilizadas por políticos, publicistas, lideres de opinión, jerarcas religiosos y demás entes cuyo negocio consiste en intervenir en las conciencias y conductas de la gente.
En síntesis, la imprecisión, la ambigüedad, el fragmentarismo se impone en nuestro lenguaje diario y sobre todo este último en los medios de comunicación, donde no es el ojo y el juicio del destinatario los que interpretan la información, pues esta ya viene reconstruida por el canal (sea radio, tv o prensa) y el ángulo y perspectiva de visión ya viene determinado..
¿Y a quién favorece todo esto? Lo más fácil es responder que satisface a los intereses de determinadas castas privilegiadas. Y eso, desde una mirada cortoplacista, es cierto. Pero un punto de vista que trascienda la coyuntura, nos señala que cuando una cultura se basa en la alienación y en la alteración de sus juicios, finalmente sucumbe. Y así lo demuestran poderosos imperios que fundamentaron su existencia en un discurso que finalmente no resistió el embate de la realidad y se desmoronaron estrepitosamente.
Si somos escrupulosos, tenemos que reconocer que como nación en 200 años hemos realizado numerosos experimentos sociales y políticos sin arribar a nada definitivo.
En el momento actual, sentimos más que nunca que nos encontramos en una posición de expectativa, una situación en la cual es posible diseñar un proyecto sólido y con futuro. Ojo: está muy bien que nos creamos ese planteamiento, pero no abusemos de nuestro optimismo y nos entreguemos a una bacanal de eslóganes y frases huecas destinadas más a efectismos que a efectos reales. Debemos retornar a aquellos tiempos en que la palabra valía más que el oro como garantía. Recordemos que una de las causas de la actual crisis mundial, en la cual Europa lleva la peor parte, fue la crisis de confianza, donde los compromisos adquiridos y refrendados por estrictos instrumentos financieros, no fueron cumplidos, porque nunca existió la intención de hacerlo.
Las leyes escritas son letra muerta cuando no existe la disposición apropiada para cumplirlas, más aún, sirven para esconder irregularidades disfrazadas de legítimas. “El sueño se hace a mano y sin permiso, arando el porvenir con viejos bueyes”.
Ser solidario, especialmente en los duros tiempos que nos toca vivir como país ante el embate de la naturaleza, significa, entre otras cosas, no comerciar influencias a costa del dolor o la necesidad ajena. La autoridad con la mayor eficiencia posible, sin duda, de sus aparatos administrativos, acercará los recursos urgentes a los necesitados, sin embargo, es contraproducente, por ejemplo, que el concejal fulano, el representante zutano, se adjudique dicha acción. Uno termina preguntándose por qué es necesaria tanta influencia para acceder a los mínimos necesarios para paliar una apremiante necesidad.
La palabra, reveladora de misterios y constructora de mundos posibles, también suele convertirse en delatora de nuestra naturaleza y de nuestra verdadera condición humana. Ella será quien se pronuncie acerca de nosotros. JOGQ
Cuando el fútbol se convierte en rugby
Desde le gol de Independiente en la final de la Copa Libertadores de América 1973, con el arquero de Colo Colo, el Gringo Nef, con pelota y todo adentro, los rioplatenses evidentemente han perfeccionado esa técnica, al descubrir su efectividad, muy superior a aquella de llegar al arco con los toquecitos primorosos, propios del beibifútbol, que durante décadas fue el orgullo del juego sudamericano y que actualmente solo practican los dirigidos de Bielsa. Lo anterior queda demostrado en el gol marcado por los argentinos sobre Nigeria, donde los defensas son desplazados con la humanidad completa de los atacantes argentinos, permitiendo el cabezazo de Heinzel y el tanto de Brasil sobre Chile, en el cual el cabeceador se encontraba rodeado de un cerco de gorilas que imposibilitaron cualquier intención de los pequeños chilenitos de aproximarse a estorbar a Juan, amén de ser desplazados sin contemplaciones de aquella periferia protectora.
En el encuentro que nos despertó de improviso de nuestro sueño, los dos goles definitivos se construyeron en base a dos cualidades propias de las grandes ligas de “fútbol” americano: velocidad, fuerza y mecánica de precisión. Frente a eso, las prolijidades de nuestro juego, tradicionalmente técnico y de toque corto, se diluyó en una faena intrascendente e improductiva. Cuando los españoles calificaron de “suicida” el planteamiento estratégico y táctico de Chile, no hacían más que aludir al fútbol pragmático y efectivo practicado hoy en día, incluyendo a Brasil, al cual los hinchas siempre esperan verlo practicando la fantasía y la diversión, algo muy ausente en este campeonato. Recordemos que en parte, y ahí las contradicciones, esa fue la causa del “fracaso” de Pellegrini, al querer desarrollar una filosofía de la efectividad, antes que del espectáculo.
Algo que no puede borrarse de nuestra memoria es el estilo de juego desarrollado por los dirigidos del Pollo Véliz primero y luego Sulantay, que se caracterizaban precisamente por la velocidad de reacción y la letalidad de su contragolpe. Nuestra actual selección no posee el golpe letal, en tanto que su impronta es mantener el protagonismo los 90 minutos, lo cual, obviamente, descarta el contragolpe como práctica normal, por razones obvias.
Entonces, es preciso preguntarse si el fútbol está volviendo a sus lejanos orígenes, donde el asunto consistía en llevar una bola de una línea inicial a otra final a decenas de metros distante, apelando a cual recurso a mano, incluyendo, en primer término, la fuerza, llamémosle bruta, y, por supuesto, las debilidades del adversario. JOGQ
En el encuentro que nos despertó de improviso de nuestro sueño, los dos goles definitivos se construyeron en base a dos cualidades propias de las grandes ligas de “fútbol” americano: velocidad, fuerza y mecánica de precisión. Frente a eso, las prolijidades de nuestro juego, tradicionalmente técnico y de toque corto, se diluyó en una faena intrascendente e improductiva. Cuando los españoles calificaron de “suicida” el planteamiento estratégico y táctico de Chile, no hacían más que aludir al fútbol pragmático y efectivo practicado hoy en día, incluyendo a Brasil, al cual los hinchas siempre esperan verlo practicando la fantasía y la diversión, algo muy ausente en este campeonato. Recordemos que en parte, y ahí las contradicciones, esa fue la causa del “fracaso” de Pellegrini, al querer desarrollar una filosofía de la efectividad, antes que del espectáculo.
Algo que no puede borrarse de nuestra memoria es el estilo de juego desarrollado por los dirigidos del Pollo Véliz primero y luego Sulantay, que se caracterizaban precisamente por la velocidad de reacción y la letalidad de su contragolpe. Nuestra actual selección no posee el golpe letal, en tanto que su impronta es mantener el protagonismo los 90 minutos, lo cual, obviamente, descarta el contragolpe como práctica normal, por razones obvias.
Entonces, es preciso preguntarse si el fútbol está volviendo a sus lejanos orígenes, donde el asunto consistía en llevar una bola de una línea inicial a otra final a decenas de metros distante, apelando a cual recurso a mano, incluyendo, en primer término, la fuerza, llamémosle bruta, y, por supuesto, las debilidades del adversario. JOGQ
sábado, 12 de junio de 2010
Cuando los No-es de convierten en Sí-es
Cansado de leer, consultar e inquirir los sesudos análisis y recomendaciones de los expertos en educación, los que hace ya bastante tiempo se amontonan sobre los escritorios de todos aquellos que se preocupan del estado de esta paciente, decidí variar de rumbos y me acerqué a una distinguida mentalista, de origen rumano, pero que ya hace décadas recorre nuestro extenso territorio formando parte de un colorido cortejo.
Descartando que la respuesta se encontrara en la palma de mi mano, y considerando que no nos podríamos ver la suerte entre nosotros, debido a cierto parentesco lejano, aseguró, sin embargo que la receta para salvar a tan malatendida enferma, era simple y se encontraba al alcance de la mano de todos.
En síntesis, todo se reduce a un juego se sí y no. De afirmaciones y negaciones. Y he aquí que de su boca surgió aquel axioma que más de una vez en nuestra vida escuchamos de profundos filósofos: “El bien es la ausencia del mal”. Ante mi intrigada actitud, procedió a descorrer el velo del enigma y profirió una letanía pródiga en revelaciones, las cuales, quitándoles los ingredientes nigrománticos y adecuándolas al oído de nuestros avisados lectores, adquiere el formato que sigue:
- Cual más, cual menos en estos últimos 21 años e incluso más atrás, ha incurrido en algunas “desprolijidades”, cuya no ocurrencia hubiera evitado que nuestra educación se encontrara actualmente en tan mal estado, como por ejemplo:
- Preferir jóvenes neófitos, porque son más baratos y moldeables, desechando el oficio, la experiencia y la preparación de profesionales más avezados, O el caso contrario, cuando los veteranos persiguen la savia nueva, impidiendo la renovación.
- Fomentar “perfeccionamientos” y “capacitación”, cuya implementación no guardaba ninguna relación con una oferta pertinente y de calidad.
- Permitir la “formación” de nuevos profesionales para la educación, en universidades e institutos de tiza y pizarrón, con clases los días sábado o por correspondencia (en 2009, egresaron más de 5.000, muchos de los cuales rindieron la prueba Inicia, con los desastrosos resultados por todos conocidos).
- Crear planes de reconversión laboral a través de Centros de Formación destinado a jóvenes vulnerables, en áreas relacionadas con la educación, con los riesgos que ello implica para los educandos,
- Utilizar en múltiples oportunidades los departamentos de educación como si fueran agencias de empleo o para recompensar a algún personaje meritorio o cuya fidelidad ha mostrado estar a toda prueba.
- Estructurar grupos de trabajo en los centros educativos que jamás se convierten en equipos; directores que no toman en cuanta a sus asesores o subordinados que no sienten respeto por el líder (en muchos casos incluso se hace difícil reunirlos para una simple foto).
- Diseñar concursos que, si no dejan dudas respecto a su transparencia, se ciñen a criterios en que priman más los años y papeleos que una verdadera y pertinente formación profesional, la que debe sumar estudios y antecedentes de gestión exitosa.
- Cumplir tan cabalmente con los contenidos mínimos, que no alcanzan para resolver los desafíos que emergen fuera de lo esperado.
Como epílogo, afirmó que si tales eventos no hubiesen ocurrido, es muy probable que sí habrían acontecido los hechos contrarios y, por lo tanto, en estos momentos quizás estaríamos palmoteándonos los hombros mutuamente, satisfechos y exitosos.
Impresionado por la clarividencia (al menos eso a mí me pareció) de esta mujer tocada por los signos de los tiempos, le pregunté finalmente, si su diagnóstico formaba parte del “Efecto Nostradamus”, alarmado ante la proximidad del año 2012, fatídico guarismo consignado en el calendario maya. “No se preocupe paisano”.- me respondió – “Lo que pasa es que la rueda del calendario les quedó chica”.
J.O.G.Q.
Descartando que la respuesta se encontrara en la palma de mi mano, y considerando que no nos podríamos ver la suerte entre nosotros, debido a cierto parentesco lejano, aseguró, sin embargo que la receta para salvar a tan malatendida enferma, era simple y se encontraba al alcance de la mano de todos.
En síntesis, todo se reduce a un juego se sí y no. De afirmaciones y negaciones. Y he aquí que de su boca surgió aquel axioma que más de una vez en nuestra vida escuchamos de profundos filósofos: “El bien es la ausencia del mal”. Ante mi intrigada actitud, procedió a descorrer el velo del enigma y profirió una letanía pródiga en revelaciones, las cuales, quitándoles los ingredientes nigrománticos y adecuándolas al oído de nuestros avisados lectores, adquiere el formato que sigue:
- Cual más, cual menos en estos últimos 21 años e incluso más atrás, ha incurrido en algunas “desprolijidades”, cuya no ocurrencia hubiera evitado que nuestra educación se encontrara actualmente en tan mal estado, como por ejemplo:
- Preferir jóvenes neófitos, porque son más baratos y moldeables, desechando el oficio, la experiencia y la preparación de profesionales más avezados, O el caso contrario, cuando los veteranos persiguen la savia nueva, impidiendo la renovación.
- Fomentar “perfeccionamientos” y “capacitación”, cuya implementación no guardaba ninguna relación con una oferta pertinente y de calidad.
- Permitir la “formación” de nuevos profesionales para la educación, en universidades e institutos de tiza y pizarrón, con clases los días sábado o por correspondencia (en 2009, egresaron más de 5.000, muchos de los cuales rindieron la prueba Inicia, con los desastrosos resultados por todos conocidos).
- Crear planes de reconversión laboral a través de Centros de Formación destinado a jóvenes vulnerables, en áreas relacionadas con la educación, con los riesgos que ello implica para los educandos,
- Utilizar en múltiples oportunidades los departamentos de educación como si fueran agencias de empleo o para recompensar a algún personaje meritorio o cuya fidelidad ha mostrado estar a toda prueba.
- Estructurar grupos de trabajo en los centros educativos que jamás se convierten en equipos; directores que no toman en cuanta a sus asesores o subordinados que no sienten respeto por el líder (en muchos casos incluso se hace difícil reunirlos para una simple foto).
- Diseñar concursos que, si no dejan dudas respecto a su transparencia, se ciñen a criterios en que priman más los años y papeleos que una verdadera y pertinente formación profesional, la que debe sumar estudios y antecedentes de gestión exitosa.
- Cumplir tan cabalmente con los contenidos mínimos, que no alcanzan para resolver los desafíos que emergen fuera de lo esperado.
Como epílogo, afirmó que si tales eventos no hubiesen ocurrido, es muy probable que sí habrían acontecido los hechos contrarios y, por lo tanto, en estos momentos quizás estaríamos palmoteándonos los hombros mutuamente, satisfechos y exitosos.
Impresionado por la clarividencia (al menos eso a mí me pareció) de esta mujer tocada por los signos de los tiempos, le pregunté finalmente, si su diagnóstico formaba parte del “Efecto Nostradamus”, alarmado ante la proximidad del año 2012, fatídico guarismo consignado en el calendario maya. “No se preocupe paisano”.- me respondió – “Lo que pasa es que la rueda del calendario les quedó chica”.
J.O.G.Q.
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